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Cyber Humanitatis N°43 (Invierno 2007)

 

Reseña de 'Sabanas rojas' de Diana Massis

Francisco-J. Hernández Adrián
Duke University

 

Sábanas rojas (Aguilar Chilena de Ediciones, 2005) es la primera novela de Diana Massis, escritora madrileña nacida en Santiago de Chile que había publicado hasta la fecha tan sólo algunos cuentos. Sorprendente por la brillantez y destreza de la escritura, Sábanas rojas es una novela mínima, como lo indican su delgado cuerpo de 167 páginas en edición de bolsillo y sus cinco breves partes. Novela o novella, este primer relato largo de Massis ha surgido del cuento para diseminarlo más allá de los límites de su género. Más de una confluencia hace pensar al leer el envolvente, exquisito texto de Massis, en en la obra del joven escritor neoyorquino de origen dominicano Junot Díaz. Pero al contrario de Drown / Negocios (1996 / 1997), único relato largo de Díaz hasta la fecha, Sábanas rojas inicia un recorrido literario que deja atrás, sin perderla de vista, la forma del cuento. Chileno él y colombiana ella, Cristián y Melina se conocieron hace dos meses. Les espera una "historia de amor" poblada de brujas y sátiros en el Madrid de hoy, un mundo de laberintos muy a ras del suelo a donde ha llegado Cristián atraido por la buena fortuna de su amigo Lucho y para convertirse en chapero. Melina trabaja como dependienta en una tienda de ropa y le envía a su madre algún dinero y "cartas" grabadas en anacrónicos casetes ("son difíciles las cartas, prefiere escuchar su voz"), para que sus palabras viajen al otro extremo del Atlántico, hasta Colombia. Un día Melina consigue vender unas sensuales sábanas rojas sin sospechar qué cuerpos se abrazarán entre sus pliegues. Paralelamente al cuento amoroso se nos narran los preámbulos e incidentes del primer servicio de Cristián.

Lo que se mueve por este texto--pues hay pasos, prisas, carreras, persecuciones --cautivará desde el principio al lector. Los movimientos cotidianos y precisos dejan entrever otros más traumáticos, los grandes desplazamientos del viaje transatlántico que han marcado las vidas de los inmigrantes del otro lado. Late también aquí, tanto para el lector europeo como para el hispanoamericano, la reflexión contemporánea sobre las vidas nada fáciles y más bien poco prometedoras de los inmigrantes en la ciudad de Madrid. Entre el despegue (los recuerdos del punto de partida son recientes) y el aterrizaje se va tejiendo una atmósfera de aclimatación. Pues la llegada se prolonga en las miserias cotidianas, y se convierte en un estado que pareciera no tener límites ni fin. Relato de inercias, encuentros y rupturas casi insignificantes, Sábanas rojas es un texto cuidadosamente contado para registrar las oscilaciones, cadencias, vértigos y pérdidas de equilibrio de unos diez personajes que tejen y destejen suntuosos mundos interiores por unos cuantos rincones mínimos de Madrid.

Madrid no es exactamente una ciudad gris. El manejo que de los colores hace Massis no permitiría someter a un símbolo unívoco lo que justamente es un sofisticado ejercicio de tonalidades, brillos y reflejos por donde también se dicen la fluidez, la untuosidad y la dificultad del juego de llegar a Madrid. Muy atrás han quedado aquellas visiones sórdidas y grises de la ciudad en novelas como La colmena o Tiempo de silencio; o de poemarios como Hijos de la ira o Las personas del verbo. Los personajes son otros, la escritura es nueva, y Massis nos ayuda a comprender cómo se ven y sienten las cosas desde otros lugares: la patética resignación pequeñoburguesa de aquellos tiempos de la posguerra y la dictadura aparece como el fantasma colocado en su justo lugar, en el personaje de la castiza Eulalia, por ejemplo, que desea comprar los servicios de un chapero; o en el de su criada Benita.

Madrid no es una ciudad particularmente sórdida. Sórdidos son el miedo, la angustia y la precariedad que acechan a los recién llegados. La sordidez se sitúa aquí del lado de lo viejo y decadente, muy particularmente en las figuras de Eulalia y Benita y de la grotesca madame Catalina Dupont. El Madrid de Sábanas rojas, es curioso, puede recordarnos al Madrid de Luces de bohemia. El esperpento, que tiene que ver más aquí con la vejez que con la distorsión, permea el texto en sentido doble. Por una parte, el tiempo de la picaresca, lleno siempre de azares, pequeñas catástrofes y duelos irresueltos, amenaza con asfixiar los cuerpos. Por otra, la mera presencia de la vejez en el cuento de amor interrumpe el espejismo de juventud y esperanza, nos presenta imágenes monstruosas--distorsionadas--de la carnalidad. El esperpento se interpone así a la mítica línea ascendente del deslizamiento América / Europa, y a la sensual línea quebradiza de la juventud que se abre a todas las posibilidades del sueño realizado.

La ciudad se muestra por la mañana, por la tarde, por la noche, en sus facetas lumínicas. La mirada que nos describe, con inspiración fotográfica, las luces de Madrid, debe situarse en el intersticio que liga y separa a esta ciudad de las del otro lado que surgen evocadas en la nostalgia de los personajes. La luminosidad de un casi primaveral mes de febrero contrasta con la luz de Medellín (la ciudad donde nació Melina), pero no tanto con la de Santiago (la ciudad de Cristián y Lucho) o la de la Córdoba (Argentina), de Jonesy, otro de los chaperos, en los meses de invierno. El contraste entre Madrid y estas ciudades que persisten en la memoria de la separación no se da por el color-símbolo, sino por la discontinuidad entre los espaciotiempos. En Santiago y Córdoba, el mes de febrero coincide con el verano austral; de ahí que las sensaciones de caída, de dislocación y pérdida de la temperatura corporal se planteen particularmente en el dilema de Cristián: ¿acudirá o no a su primera cita profesional? Jonesy, por otro lado, parece haberse instalado ya definitivamente en un estilo de llegada lleno de ensoñaciones de biombos chinos, abanicos e infinitas delicadezas de "estilo", como un José Asunción Silva o un Julián del Casal argentino. Esta escritura aparentemente enjuta, en apariencia limitada por el espacio gráfico, se abre a latitudes de lectura que sepan percibir la carga de sutiles gestos espaciotemporales y pliegues lumínicos bajo la superficie del texto.

La elocuencia de Diana Massis deslumbra por el lujo del lenguaje literario. La exhibición de la lengua culta está aquí magníficamente contrapunteada con un gusto agudo y humorístico por las diferentes variedades del castellano. Deslumbra también por un uso diestrísimo de la digresión y de los efectos de simultaneidad. Massis deja hablar al lenguaje, comunica el decir de unos personajes a quienes escuchamos cuando se expresan y cuando se les describe, casi siempre, desde la complicidad. Hablan solos, hablan entre sí, escuchamos repetidas veces la cacofonía de sus miedos y deseos en la sucesión de simultaneidades (soledades y encuentros) por donde nos va llevando el texto sinuoso, implacable en sus seducciones hasta el final. Tal vez la más exquisita de las audacias de este texto resida en los límites de la forma: novella o novela, el relato no ambiciona codificar un mundo, no hay ni universos insospechados ni fabulaciones literarias dentro de cada personaje, sino un juego a través del cual se van hilando posibilidades y trampas. La puesta en escena del acto de narrar es aquí una observación casi lasciva de la plástica de los cuerpos, de las correlaciones y singularidades de sus gestos traducidos al lenguaje. El texto está coreografiado, pero la coreografía está abierta, y abierto quedará el juego, invitando al deseo de nuevas lecturas que sin duda Massis no dejará de ofrecernos.

El juego rehuye la abstracción a través de sutiles localizaciones y deslizamientos del decirse y del decir de estos personajes, que habitan los espacios con nomádica indiferencia. Madrid, señalada como el lugar del presente y no tanto como el de la historia, no es la suma de sus espacios concretos, sino una dispersión de sensaciones que envuelve a los personajes con la inmediatez de una isla. Y como en una isla, la gran plasticidad de Sábanas rojas escapa con frecuencia al cliché a través de astutos gestos de extrañamiento y coincidencia entre los lenguajes de lo sensual y de lo interno. Así, la metafísica del "mundo interior", del universo compacto y psicologizante de la novela, no tiene lugar en el discurso, sino que por el decirse y el decir se revela un juego de complementos y sustituciones que han desistido de la vieja necesidad de los antagonismos. Algunos de los personajes parecen antagónicos y sin duda lo son desde un punto de vista formal, pero sus movimientos declaman otra trama: redes de relaciones cuya complejidad y significado son casi simbólicos, sugieren la verdad fragmentada de la inmigración más allá de las páginas, como bien sabemos quienes nos encontramos hoy en Madrid. Cuando los personajes se enfrenten al juego común de la supervivencia, cara a cara y hombro a hombro, la relación entre los cuerpos y la forma de estar en el juego expresarán una erótica de las perversiones, un placer de las permutaciones de la inocencia y la crueldad del que no podremos sustraernos. La ciudad no es estática y no es un lugar fuera del cuerpo y del mundo interior, sino que fluye, porque los cuerpos fluyen, en la trama del juego y en su relato.

Fluyendo, siempre en movimiento, los personajes parecen estar de principio a fin a punto de caer, pero no hacia abajo. Tal vez sean la juventud y la inercia de las aspiraciones de una vida mejor las fuerzas que paradójicamente conviertan la sensación de caída en un estado de permanente llegada y en una progresión casi inmóvil, mínima, hacia el lugar del deseo cumplido; aunque esta llegada suponga una pérdida, un retroceso desde el punto de partida, donde una vida mejor no pudo, no podía ser. Al llegar a la última página, el lector se preguntará si la caída ha tenido realmente lugar o--y es ésta la pregunta difícil, la que nos estimula--se ha tratado de un retroceso breve, un recodo en un camino mucho más largo y lleno aun de innumerables juegos y azares. La ciudad se abre pero también encierra y acorrala, la escritura respira al ritmo de las voces. Estas provocadoras y deslumbrantes Sábanas rojas de Diana Massis nos invitan a una lectura apasionada de la erótica de la nueva ciudad, que habla por los cuerpos y por los pliegues de las vidas siempre en movimiento, arriesgadas y duras, de los recién llegados.

Revista de la Facultad de Filosofía y Humanidades, Universidad de Chile ISSN 0717-2869