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Cyber Humanitatis Nº 35 (Invierno 2005)

 

Sexuación y Subjetivadad. Un diálogo pendiente entre Foucault y Lacan

Miguel Reyes S.
Escuela de Psicología, Universidad Andrés Bello

 

Las relaciones de la obra de Foucault con el discurso psicoanalítico no son homogéneas ni estables, dependen de cómo se inserten dentro de algún proyecto especifico, núcleo problemático o campo de discusión. En los textos de Foucault, se advierten diálogos y discusiones explícitas  e implícitas con la obra de Freud. Sin embargo, con  la obra de Lacan, las referencias si es que las hay son escasísimas.

A juicio de Eribon[1],para Foucault  la obra de Lacan no le era desconocida y es de suponer que la leyó lo suficiente. En 1961, Foucault afirma que Lacan es el fundador de una “segunda y prestigiosos existencia del psicoanálisis, en ruptura con la ortodoxia freudiana designada peyorativamente como la psicología misma”. Al mismo tiempo,    Foucault también  admite que no  conocía profundamente la obra de Lacan,  dice: “...todo el mundo sabe que para captar a Lacan hay que leer simultáneamente sus libros, seguir su enseñanza pública, realmente seguir los seminarios y, eventualmente  incluso seguir con él una cura analítica”[2]

En ese contexto, una primera distinción  para evaluar las relaciones entre Foucault y el discurso psicoanalítico es entre la obra de Freud y la enseñanza  de Lacan, admitiendo la imposibilidad de designar algo así como “el” psicoanálisis en donde podrían expresarse ambos discursos, por lo tanto  será  preciso determinar algún aspecto especifico para situar el foco que se quiere aislar a la hora de establecer las controversias entre Foucault y el psicoanálisis.

Es claro que por ejemplo, cuando se trata del impacto del Psicoanálisis al interior de las  Ciencias Humanas, el acontecimiento Freud puede ubicarse  como haciendo parte de las ciencias para las cuales el concepto de hombre, la unidad antropológica, o el proyecto de conocer al hombre entre en crisis,  situación que ya había sido  advertida  por Freud.

            El psicoanálisis es resistido porque interroga y cuestiona la idea clásica que el hombre tiene de sí mismo. Precisaba Freud que: “... no era una futileza tener por paciente a todo el género humano”[3].

En “Las palabras y las cosas” (Foucault, 1966), el psicoanálisis aparece junto con la etnología  sosteniendo un principio de inquietud[4] , la dimensión del inconsciente anima críticamente e inquieta todo el dominio de las mal llamadas  ciencias del hombre. El Psicoanálisis contribuiría a una suerte de desantropologización[5] dentro del proyecto que pone fin a la idea de hombre en las ciencias humanas.

Sin embargo, cuando se trata de la sexualidad, las relaciones de Foucault con el psicoanálisis cambian, entonces: la critica que Foucault realiza al  psicoanálisis, ¿cómo establecerla?, ¿Qué concepto de sexualidad es el criticado?, ¿Qué tipo de  vinculación con el saber o con los dispositivos de poder son interrogados por Foucault?, ¿Cómo es,  o cómo puede ser concebido el psicoanálisis en tanto tecnología disciplinaría?, ¿Cuál   psicoanálisis es el que cumple con esa vocación pastoral ?. Es  el de Lacan., el de Freud, de los freudomarxistas.?

Me interesa precisar cuál es el blanco en el proyecto de la Voluntad de saber  (Foucault, 1976),  ¿es Lacan  acaso el representante de la pastoral psicoanalítica?

Incluso, más allá de la investigación por el autor implicado, en tanto psicoanalista lacaniano lo que más me inquieta es si la teoría de Lacan  es posible de ser incluida como haciendo parte  de la Scientia Sexualis, como una más  de aquellas disciplinas que contribuyeron a establecer y promover un determinado saber sobre el sexo, del cual debiésemos en algún momento desprendernos.

La  “voluntad  de saber”,  fue definida por Foucault como una arqueología del psicoanálisis, y el concepto criticado es el de REPRESIÓN,[6]  por su intermedio Foucault logra un doble propósito: por un lado de critica al psicoanálisis y por otro, realiza una critica y un análisis a una  cierta idea del poder, especialmente de aquel que privilegia una determinada “mecánica del poder”; es entonces necesario distinguir esos campos para  profundizar sus alcances:

1)El psicoanálisis como haciendo parte de la Scientia Sexualis y de un discurso sobre el sexo propio de occidente y que ha contribuido a  establecer una separación que distingue entre un antes y un después de la denominada época Victoriana, aquella a la que Freud caracterizó como promoviendo una Moral Sexual Cultural y siendo fuente de la neurosis  y del Malestar en la Cultura.

En este punto, el aspecto mas crítico  es por un lado la función de la Represión y por otro la realidad reprimida o más bien la naturaleza de lo reprimido, en este caso una sexualidad “natural” que pre-existiría al discurso que se apodera de ella para ejercer la represión, esta supuesta naturalidad de la sexualidad es lo que se problematiza.

Para Foucault esa supuesta sexualidad natural no es mas que una configuración histórica determinada que en rigor no existe antes de las llamadas  Ciencias del Sexo. Es por ello que es mas que una Represión, es  una producción e incitación a una determinada concepción de la sexualidad  que supone una verdad del sexo susceptible de alcanzar  hablando del sexo mediante el dispositivo analítico.

La estructura entonces del dispositivo analítico criticado  lo configura  y lo vincula con la pastoral y la moral cristiana, que encuentra en  la confesión una  práctica que establece una nueva economía sobre el placer y en la que la influencia sobre el sexo se da con sutiles mecanismos de poder, influyendo en una administración de la vida y de los cuerpos. Ejercicio del poder trasversal a diversas instituciones.

¿Cuál es la lectura de Freud que se encuentra en el objetivo critico de Foucault? ¿ De qué Freud se trata?

No el Freud del llamado “retorno” iniciado en los años 50 por Lacan, que da la impresión que Foucault conoce poco o talvez no le sirve para sus propósitos

Mas bien seria aquella lectura que introduce la tesis que seria posible levantar esa represión propia de la época victoriana, es decir aquella de una moral burguesa y que induce a una política de la liberación a través de un cierto tipo de  psicoanálisis. Ese discurso es el del freudomarxismo encabezado por Reich y Marcuse , de este modo y haciendo la critica a este discurso por un lado se afecta al psicoanálisis y por otro a una cierta idea del poder sostenida por el marxismo.

La consigna de levantar la represión  nunca se encontrará en Lacan, mas aun cuando la misma noción de represión sólo designa un tipo de relación a la castración, y no siendo el  único mecanismo articulador de lo inconsciente. Es entonces,  una determinada  lectura de Freud   la que promueve la hipótesis represiva, serán entonces  los representantes de una corriente  freudomarxista o culturalista a los que  reciban la critica de Foucault, es por ello que no son  Freud o Lacan aquellos que debieran recoger el guante de la critica. Es  el psicoanálisis freudomarxista  el que intenta establecer un vinculo entre la sociedad burguesa y la neurosis. Para el  cual el “Malestar en la Cultura” es específico a una determinada forma de organización política- económica.

Las criticas de Foucault al supuesto naturalismo de una sexualidad desalienada son pertinentes y ciertamente compartimos con Foucault la misma observación.  Suponer la posibilidad de distinguir entre dos momentos, uno más libre y de florecimiento de una sexualidad espontánea, y otro más oscuro  producto de la represión política de la sociedad burguesa  que  impediría el  acceso a una sexualidad supuestamente natural es apelar a una moral sexual exenta de mediación cultural.

            Sin embargo, aquello que al parecer no solo se dirige a los freudomarxistas sino a cualquier practicante del psicoanálisis es  la tendencia y la incitación a hablar del sexo para por ese medio alcanzar algún tipo de liberación. Ambas modalidades,  producen una determinada concepción de la sexualidad que lleva la idea de una verdad sobre el sexo posible de alcanzar mediante la incitación al discurso y mediante la hipótesis de una sujeción del deseo a una ley.

¿Pero se trata en el psicoanálisis exclusivamente de hablar de sexo?.

¿Coincide la verdad de nuestro deseo con una exploración del deseo sexual?

¿Tiene la ley de la sujeción del deseo una forma jurídico-política, una vinculación a un poder sostenido exclusivamente bajo el modelo del interdicto.?

Probablemente es en estas dos ultimas observaciones que se visualice una critica  específica a Lacan (el vinculo entre el deseo y la ley)  y a todo el psicoanálisis como una práctica de  la palabra como médium para acceder a la verdad de nuestro deseo. Pero convengamos –como ya lo advirtiera Freud- cuando aclaraba que en un sueño no todos los deseos son sexuales. Para Lacan, referirse al  deseo no es tampoco referirse  a lo sexual, sino mas bien al lugar que cada sujeto ocupa sin saber en el entramado discursivo que hereda como sujeto de la palabra , que le impide en muchos casos realizar un acto que concuerde con el, que es vivido para muchos como angustia  que es ocupado por los síntomas que es evitado en fin que mantiene con él una relación al menos paradójica y desconocida

Es posible entonces sostener  que algo  pueda decir el psicoanálisis en lo tocante a una historia de la sexualidad, a la voluntad de saber, a las relaciones entre el deseo y la verdad, al poder, algo que vaya mas allá de las criticas que sobre estos temas Foucault desplegó en su proyecto de la Historia de la Sexualidad. En otras palabras , algo también se le puede decir a Focault, desde Lacan en este dialogo aun pendiente.

Es por otra lado,  curioso que fácilmente se  sitúe  al psicoanálisis dentro de los dispositivos de la sexualidad., y que  tanto Freud como Lacan  pierdan toda su singularidad histórica, incluso frente a los discursos médicos que el mismo psicoanálisis  combatió[7] no sólo en la época de Freud, sino también en la actualidad.

Además de estas observaciones hay  entonces al menos varios puntos de discusión y de preguntas que suscitan sus criticas :

1)  Definir la concepción de ley. Todo la analítica del poder descansa en esa definición, y si se trata del discurso psicoanalítico, el asunto no es simple, ya que nos encontramos

atravesados por toda la impronta que significó el Complejo de Edipo propuesto por  Freud mas toda la  elaboración, relectura y rectificación introducida por Lacan que lo conduce no por lo caminos del mito sino de la lógica y del matema  que serian imposible desarrollar aquí.

2) La fundamentación de la voluntad de saber, y la relación antagónica entre deseo y placer Para Lacan, tales relaciones  suponen una articulación relativa a la estructuración lingüística y a la lógica del significante, de modo que resulta sospechoso trazar algo así como una “voluntad”, cuando ello aparece mas bien como un imperativo de  un “querer saber” animado por una equivocación fundamental  que supone que la verdad se estructura como un saber y que determina el lazo transferencial incluso mas allá del propio psicoanalista. De este modo, incluso la historia puede aparecer como una fantasma o un recurso frente a la castración, en términos freudianos de novela familiar.

            Hacer una historia de la sexualidad  puede responder  también a una voluntad de saber aun cuando se concluya que del sexo no hay nada que saber .

 3) No queda claro qué concepto tiene Foucault de deseo, y si supone o no una articulación con lo inconsciente, evidentemente lo sustituye por el del placer de los cuerpos.

En este punto quisiera extenderme un poco, postergando los otros dos para otro momento.

Me interesa detenerme  respecto del tránsito que Foucault despliega  entre el interés por el sexo, la verdad del deseo y la práctica del cuerpo-placer,  esta última correlativa al rechazo que realiza  de la noción de identidad sexual, y que lo  acercan  a un  elogio  del anonimato y  la intensificación del placer. Su expresión “el placer no tiene pasaporte, ni documento de identidad” [8]es  el enunciado que mejor expresa su posición final.

Pareciera que la empresa foucultiana iría en búsqueda de la intensificación del placer, mas que en la búsqueda de un saber sobre el deseo con la esperanza de encontrar algo así como una verdad.

En el  psicoanálisis ya desde Freud, se le puso un nombre a ese placer intensificado, Freud lo encuentra como un  “mas allá del principio del placer”, y Lacan lo llama el goce investigando  ese territorio visualizado por Freud con el propósito de rearticular lo sexual a un punto que podríamos calificar como  desexualizado, es decir una sexualidad no fálica, o al menos no orientada desde esa referencia, pensada en algún momento como exclusiva e invariante. Entonces ¿por que aún llamarla sexualidad, si ya  no es genital, ni menos fálica.

Y es por ello que es perfectamente posible  que los psicoanalistas ya no inciten a sus pacientes a hablar sobre sexo. Los descubrimientos de Freud y de Lacan sobre el placer y también sobre el deseo reconfiguran la misma idea del sexo, aquella por ejemplo que el discurso medico se empeña aun en producir. Convengamos que Freud y Lacan son médicos en una posición de absoluta marginalidad, una extra-territorialidad que hace que sus obras no sean materias para  su disciplina de origen , incluso para los psiquiatras.[9]

Todo apunta a que el sexo encierra cada vez menos misterios, y que las formas de obtener placer se multiplican sin un ápice de culpa, entonces ¿de que se quejan los pacientes si el sexo no está reprimido, ¿hay acaso un nuevo malestar en lo concerniente al sexo?

Es perfectamente posible que esa represión pensada por Freud  y que creaba un sujeto culposo por sus deseos o inhibido en su acción -según el modelo del príncipe Hamlet-, hoy ya no se actualice clínicamente y esa culpa sea cada vez menor si es que la hay para algunos, pero es también perfectamente reconocible otro tipo de subjetividades mucho menos culposas, mas parecidas al valiente Edipo que a pesar de todo igual  quiere saber pero  su interrogación no sea  por cómo superar la represión, sino en ¿que hacer con la libertad?, que sucumbe ante  la proliferación de la oferta extendida a todos los niveles.

Y como otra vertiente de esa saber al mismo tiempo proliferan estudios sobre la sexualidad, estudios gays y lésbicos, teorías queer, etc. ¿Cómo explicar tanto interés por la sexualidad si ésta ya no está reprimida, cual es esa vocación de saber que se encierra bajo la categoría · “estudios?”

Ciertamente, pareciera que la cuestión apunta a identificar estrategias de dominación y prácticas disciplinantes que  aún reproducen una determinada concepción de una sexualidad que claramente ya no es. Una especie de recorrido necesario para plantearse de otra forma frente al placer

Por último, si el psicoanálisis freudiano le hizo algo a ese invento llamado “hombre” y que Foucault reconoció en su momento, Lacan ¿le habrá hecho algo a ese invento llamado “sexualidad” que Foucault ignoró?.

Los que trabajamos con Lacan encontramos que existen  nuevas interrogantes   y sobretodo  otra manera de hacer psicoanálisis, evidentemente  aun existen categorías que es preciso  revisar, modificar o  definitivamente transformar y Foucault en esa empresa es un agudo investigador y una potente herramienta crítica.  En este  sentido creo  posible  un  tipo de psicoanálisis  que   muestre una manera distinta de abordar tanto en la teoría como en la clínica las transformaciones subjetivas que se nos demandan  haciendo “uso”, sirviéndonos  de  los equívocos y riesgos de la transferencia.

Es en este escenario que los intercambios entre lacanianos y foucultianos resulten fértiles  y  en plena construcción, no por casualidad un psicoanalista: Jean Allouch,   afirmó en 1998 que: “La posición del psicoanálisis, digo,, será focultiana o el psicoanálisis no será más[10], alentando a desarrollar  estos intercambios y construyendo entre Foucault  y Lacan  ese  diálogo que en vida nunca se dio.

Bibliografía

1.      Allouch, J : El sexo del amo. Ediciones Literales. Argentina, 2001

2.      Allouch, J : El psicoanálisis, una erotologia de pasaje. Edit. Litoral, 1998. Córdova , Argentina.

3.      Castro R: Foucault y el Psicoanálisis freudiano. De la disciplina límite al dispositivo de poder. En Revista de Humanidades, Vol 10. 2004 . Universidad Andrés Bello

4.      Eribon, D : Michel Foucault  y sus contemporáneos. Edit. Nueva Visión. 1995.

5.      Freud, S : Obras Completas. Edit. Amorrortu

(1908)                  La Moral sexual y la nerviosidad moderna

(1909)                  Las resistencia contra el psicoanálisis              

6.      Foucault, M : Historia de la sexualidad. Vol.I.La voluntad de saber  Edit. SXXI

7.      Foucault, M  : Estética, ética y hermenéutica. Vol.III. Edit. Paidós

8.      Foucault, M ; Las palabras y las Cosas. . Edit. SXXI, Buenos Aires, 1996

9.      Foucault, M : El Historia de la sexualidad. Vol. II.  El uso de los placeres. Edit. SXXI.

10.  Morel, Geneviève : Ambigüedades sexuales. Edit. Manantial, Paris 2002

11.  Lacan, J : 1966) Psicoanálsisis y Medicina, en Intervenciones y Textos 1. Edit. Manantial.

12.  Miller, J.A: Michel Foucault y el Psicoanálisis. En Michel Foucault , filósofo. Edit. Gedisa. 

 


[1] Eribon, D : Michel Foucault  y sus contemporáneos. Edit. Nueva Visión. 1995. Cap. 7

[2] Ibid., p.223

[3] Freud, S  (1925): Las resistencias contra el psicoanálisis. O.C. Vol. XIX. Edit. Amorrortu

[4] Foucault, M : Las Palabras y las Cosas. Edit. SXXI, Buenos Aires, 1996. pp.362

[5] Castro R: Foucault y el Psicoanálisis freudiano. De la disciplina límite al dispositivo de poder. En Revista de Humanidades, Vol 10. 2004 . Universidad Andrés Bello

[6] Versus lo que Faucault llama las “técnicas polimorfas del poder”, p.19

[7] Miller, J.A: Michel Foucault y el Psicoanálisis. En Mivhel Foucault , filósofo. Edit. Gedisa.

[8] Paul Veyne, “Témoignage héterosexuel d´un historien sur l´homosexualité”p.25

[9] Lacan; J :  (1966) Psicoanálisis y Medicina, en Intervenciones y Textos 1. Edit. Manantial.

[10] Allouc, J : Continuación parisina, en  El psicoanálisis, una erotología de pasaje. Edit. Litoral, p.16

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