| Las grandes compañías en acción
“En 1927 se abrió el gran pozo de Baba Gurgur en el Irak, hecho que inicia el período en que el Cercano Oriente Árabe había de llegar a ser el principal abastecedor de petróleo del mundo occidental. Había llegado el momento de la acción conjunta a fin de evitar una peligrosa sobre saturación del mercado mundial”(O’Connor, 1963, p98). El resultado fue el llamado acuerdo de Achnacarry. Los socios no vieron la necesidad de establecer un cartel formal con cuotas específicas que hubieran podido despertar la curiosidad de los gobiernos y los consumidores. Un buen sucedáneo, fue proporcionado automáticamente por la Irak Petroleum Company, formada en 1928, de la cual se habían retirado todas las compañías norteamericanas, salvo la Yersey y la Socony. La Irak Petroleum Company no iba a ser una compañía dedicada al lucro, proporcionaba petróleo crudo al costo para los socios propietarios; los socios fijaban un precio constante para el petróleo crudo y sus productos, que se basaba en los costos de producción de Texas. La Anglo-Persian, por observar el precio mundial fijado para el petróleo de Irak como pauta para su producción persa, obtuvo una recompensa especial. La Royal Dutch- Shell Sumatran Oil siguió el mismo sistema de precios. La Jersey y la Socony, como primeras productoras de Texas, eran las que fijaban el precio en el Golfo de Texas y, en consecuencia, el precio mundial. “Al fijar un precio que asegura una ganancia aproximada de un dólar por cada barril de petróleo crudo caro de Texas, las dos compañías norteamericanas se aseguraron para sí y para sus socios anglo-holandeses superganancias sobre el petróleo crudo de bajo costo de producción del Cercano Oriente”(O’Connor, 1963, p99).
La situación nos ilustra la penetración profunda y conjunta de las compañías del Cartel del petróleo en los recursos energéticos árabes, explotados y comercializados con cuantiosas utilidades en beneficio de los capitales occidentales. En la década del treinta comienza a explotarse el subsuelo de Arabia, en la del cuarenta la espectacular explotación de Kuwait, el petróleo árabe será íntegramente manejado por las compañías extranjeras.
La crisis de Suez
Hacia mediados de 1950, la mayoría de los países árabes habían alcanzado formalmente la independencia del dominio europeo, pese a la existencia en muchos de ellos de bases militares extranjeras. Francia mantenía el control sobre Argelia, pero cuestionada por una rebelión nacionalista popular. En Palestina, la creación del Estado de Israel que después de 1948 había ampliado sus fronteras ocupando aproximadamente el 78% del territorio que la ONU había sometido a partición y el desplazamiento por la fuerza de cientos de miles de palestinos convertidos en refugiados mantenía una alta tensión en la zona. Estas situaciones indicaban que, pese a las nuevas circunstancias, no se habían creado relaciones distintas con las ex potencias imperiales y más bien reformulaban de manera distinta el problema de la independencia.
Paralelamente, los países árabes se vieron penetrados con el poderío e influencia creciente, tanto en lo económico como en lo político, por EEUU. En plena guerra fría y expansión económica, la nueva gran potencia buscaba establecer relaciones de dependencia de los gobiernos locales, que estuvieran dispuestos a vincularse con la política de la alianza occidental. Sin embargo, muchos movimientos políticos consideraban que la única garantía de independencia en el mundo postcolonial, consistía en mantener la neutralidad.
Desde el fin de la segunda guerra mundial y con el proceso de independencia, se habían catalizado los cambios en la sociedad y en la política de los países árabes, soplaban nuevos aires, esperanzas de una nueva vida, manifestada fundamentalmente a través del fortalecimiento de la idea de la unidad árabe. En 1945 y tras una serie de conversaciones y negociaciones se había creado la Liga de los Estados Árabes, a la que habían adherido los 7 países que entonces contaban con cierta libertad de acción: Egipto, Siria, Líbano, Transjordania, Irak, Arabia Saudita y Yemen y a la que progresivamente se irían sumando los otros. La situación de Palestina y Argelia iban a ser sus primeras preocupaciones.
De esta manera, la década del 50 y el mundo bipolar que estableció la guerra fría, confirió una dimensión nueva a las relaciones entre los Estados árabes. “El deseo de una unión más estrecha entre ellos había llegado a ser parte del lenguaje común de la política árabe; era ahora tema de debate si dicha unidad debía cristalizar en el marco de un estrecho acuerdo con las potencias occidentales, o al margen de las mismas”
( Hourani,1992, p379).
En 1952 se produce la caída de la monarquía dirigida por el rey Farouk en Egipto, a manos de un golpe de estado dirigido por un grupo de oficiales del ejercito encabezado por el general Mohamed Naguib, quién será reemplazado en 1954 por la figura de Gamal Abdel Nasser. Nacionalista árabe y propulsor de lo que se conoce como la ideología Panarabista, Nasser se dedica a la restauración de Egipto y a su independencia.
Desde su construcción en 1869, el Canal de Suez constituía para las potencias occidentales una zona estratégica de seguridad bajo su control. A su importancia como vía comercial para Francia y Gran Bretaña, se agregaba su valor para ésta última, como defensa de las comunicaciones con la India. Un acuerdo anglo-egipcio en 1936 permitió a los ingleses mantener una base militar y un gran centro de suministros en la zona del canal, tratado que debía expirar en 1968. La importancia militar del canal quedó en evidencia durante la segunda guerra mundial, por lo que los británicos se estacionaron permanentemente en la zona. Pese a la pérdida de la India en 1947, el valor estratégico del canal aumentó con el alto tráfico del comercio de petróleo. Según Yergin: …”el canal era la conexión crítica en la estructura de la posguerra del sector petrolero internacional. Y era un paso marítimo de importancia única para las potencias occidentales, que cada vez dependían más del petróleo del Oriente Medio”( Yergin, 1992,p 64). Para 1955, el petróleo representaba las dos terceras partes del tráfico total del canal y, a su vez, dos terceras partes del petróleo destinado a Europa pasaba por él.
Nasser imprimió a Egipto una política de no alineamiento, lo que le permitió formar a su alrededor un bloque de Estados árabes no alineados. Una manifestación de esta política fue la estrecha relación que se estableció entre los principales partidarios del concepto de no alineamiento, India y Yugoslavia. A su vez, Nasser concertó un acuerdo de suministro de armas con la URSS y sus aliados, lo que quebró el control sobre la provisión de armas a Israel y los árabes que EEUU, Gran Bretaña y Francia habían intentado mantener.
En este contexto, el ascenso de un gobierno egipcio fuerte, que contaba con su propio suministro de armas y que atraía los sentimientos nacionalistas de los pueblos árabes pasando por encima de sus gobiernos y que expresaba un apoyo decidido al pueblo palestino y que suministraba armas y pertrechos al FLN argelino, fue percibido por las potencias occidentales e Israel como una seria amenaza a su posición colonial de dominio.
En 1956, EEUU que había estudiado la posibilidad de prestar ayuda financiera a Egipto, junto con el Banco Mundial, con el objetivo de construir la represa de Assuan de pronto retiró su oferta. En respuesta, el gobierno egipcio nacionalizó el Canal de Suez y se hizo cargo de su administración. El resultado fue un acuerdo secreto entre Francia, Gran Bretaña e Israel para atacar a Egipto y derrocar a Nasser.
En Octubre del mismo año, las fuerzas israelíes invadieron Egipto y avanzaron hacia el canal de Suez. En cumplimiento del acuerdo establecido, Gran Bretaña y Francia enviaron un ultimátum a Israel y Egipto exigiendo que se retirasen de la zona del Canal. Ante la negativa de Nasser, las fuerzas militares de ambas potencias intervienen. Sin embargo, bajo la presión de EEUU y la URSS que no podían aceptar decisiones unilaterales sin previa consulta y consideración a sus intereses, la hostilidad mundial que genera la acción y el peligro del derrumbe financiero ante el bloqueo egipcio del Canal, las tres fuerzas se retiraron. Las ascendentes superpotencias habían aclarado cualquier duda en torno a cual era la estructura vigente del nuevo orden mundial.
Los resultados del conflicto no se hicieron esperar. Nasser, vencedor político en la crisis, consolidó su imagen ante el Mundo Árabe y la comunidad internacional. También se profundizó la división entre los países árabes que lo apoyaban y los que consideraban peligrosa su política. La división se tradujo en un factor de conflicto interno. En 1958, estalla una guerra civil en el Líbano y paralelamente una lucha de poder entre grupos políticos sirios llevó a una parte de ellos a llamar a la unión con Egipto. Concertada la unión, los dos países se fusionaron en la República Árabe Unida.
Ante este panorama, los reinos Hachemitas de Irak y Jordania, crearon una unión rival, pero la combinación de descontentos y protestas internas, alentadas por el llamado de la RAU que apuntaba a la creación de un nuevo orden en el Mundo Árabe de independencia y unidad, condujo a la ocupación del poder en Irak por un grupo de oficiales militares. El rey y la mayoría de su familia fueron ejecutados y el país se convirtió en una república. La familia Hachemita perdió la esperanza de representar el rol principal en la política árabe, pese a que una de sus ramas continúo gobernando en Jordania.
La reacción occidental fue inmediata. La nueva revolución determinó el envío de tropas norteamericanas al Líbano y británicas a Jordania, con el fin de estabilizar una situación que se presentaba como incierta. Ambas fuerzas se retiraron pronto, y por lo que concierne a Gran Bretaña el episodio señaló el fin de su papel activo y principal en la política árabe.
A pesar de la perspectiva que la revolución Irakí podría conducir a la incorporación del país a la unión de Egipto con Siria, la división de intereses hegemónicos entre Bagdad y El Cairo se manifestó rápidamente, lo que frustró la iniciativa. En el marco de la RAU, tres años después los intereses discrepantes condujeron a un golpe militar en Siria en 1961 y la disolución de la unión. A pesar de estos hechos, Gamal Abd al-Nasser se mantuvo ante los ojos de los pueblos árabes y de gran parte del mundo exterior, como el símbolo del movimiento de los pueblos árabes hacia una unidad más amplia y la verdadera independencia.
La crisis de 1967
En Siria, el partido Baath se adueñó del poder en 1963, primero en manos de civiles y luego encabezado por los militares que adherían a la organización. En Irak, el gobierno de oficiales instaurado por la revolución de 1958 fue reemplazado por uno más inclinado al partido Baath y al nasserismo, pero las discusiones para lograr la unidad de los tres países siguieron revelando las diferencias de intereses y de ideas entre los tres países. En Sudán, un golpe militar que había tomado el poder en 1958, encabezó un gobierno que se centró en una política de neutralismo y de desarrollo económico, hasta que en 1964 la presión popular reestableció un gobierno parlamentario. En Argelia, el primer gobierno después de la independencia encabezado por Ahmed Ben Bella, fue seguido en 1965 por otro más comprometido con el socialismo y el neutralismo encabezado por Boumediene. Se mantenían las monarquías en Marruecos, Libia, Jordania y Arabia Saudita, mientras Túnez, mantenía una posición ambigua gobernado por Burguiba como jefe de un partido nacionalista de masas pero hostil a la ampliación de la influencia egipcia.
La década del sesenta, está marcada por el hecho de que los recursos petroleros de los países árabes llegan a ser cada vez más relevantes en la economía mundial, hecho que influye notoriamente sobre las sociedades de los países productores. Hacia mediados de la década los cinco países productores más importantes eran Irak, Kuwait, Arabia Saudita, Libia y Argelia, los que tenían ingresos oficiales de alrededor de 2000 millones de dólares anuales. En 1964, una revolución de palacio remplazó a Saud, hijo de Abdel Aziz, que se había convertido en rey de Arabia Saudita a la muerte de su padre, por su hermano Feisal(1964-1975), ante las presiones por construir una infraestructura más moderna en el país.
El rol de la península se modifica en dos maneras importantes. Por una parte, Arabia Saudita y los países del Golfo comenzaron a usar su riqueza para alcanzar una posición de mayor influencia en los asuntos árabes. Por otra, sus sociedades en proceso de cambio comenzaron a atraer gran número de emigrantes, dado sus poblaciones más reducidas en relación a los otros países petroleros y lo pequeño de sus capas educadas. Estos emigrantes fueron un factor de difusión de las ideas nacionalistas y pro palestinas, lo que alentó a Nasser a pensar la posibilidad de usar la riqueza de los países petroleros para crear un sólido bloque de países árabes bajo liderazgo egipcio.
En 1964, la Liga de los Estados Árabes crea la OLP bajo su control, sin embargo, en ésta época se había formado una nueva generación de palestinos educados en Beirut y El Cairo que darán origen a los nuevos movimientos políticos palestinos decididos a actuar en forma totalmente independiente de los países árabes y que en 1965 comienzan las primeras acciones guerrilleras. La desastrosa derrota de los ejércitos árabes en 1967 dará el impulso definitivo para la conformación de un movimiento nacional palestino independiente: el nacionalismo árabe había fracasado.
El 5 de junio de 1967 Israel ataca por sorpresa a Egipto, Siria y Jordania. La ayuda de EEUU había aumentado significativamente su fuerza económica, complementada con las contribuciones de judíos de todo el mundo y las compensaciones que cobraba a Alemania Occidental. “ También había consolidado la fuerza y la experiencia de sus fuerzas armadas, y especialmente de la aviación. Israel sabía que era militar y políticamente más fuerte que sus vecinos árabes. Frente a las amenazas de esos vecinos, la mejor táctica era hacer gala de su fuerza. Ello podía contribuir a un acuerdo más estable del que se había alcanzado hasta el momento, pero en esto subyacía la esperanza de conquistar el resto de Palestina y concluir la guerra inacabada en 1948”(Hourani, 1991, p326). En menos de seis días, Israel ocupó la península del Sinaí, la Margen Occidental del Jordán incluida Jerusalén oriental, la franja de Gaza y las alturas del Golán.
La crisis de 1967, señala el primer intento árabe de utilizar el arma del petróleo. A esa fecha tres cuartas partes del petróleo occidental venía de las regiones árabes de Oriente Medio y del norte de África. A diferencia de la crisis de Suez, ahora el problema no era el transporte sino la producción. El 6 de Junio, un día después que comenzaron las hostilidades los ministros del petróleo árabe hicieron un llamado al embargo petrolero a los países que apoyaban a Israel. Arabia Saudita, Irak, Kuwait, Libia y Argelia, prohibieron los envíos a EEUU, Gran Bretaña y en menor grado a Alemania Occidental. Hay quienes plantean la tesis de que la decisión de los países árabes exportadores habría respondido más bien a “…problemas dentro de sus propias fronteras, huelgas de los trabajadores de los campos, tumultos, sabotajes y por su temor a la capacidad de un Nasser (aunque estuviera políticamente disminuido) para levantar a las masas y convocarlas a las calles…”( Yergin, 1992, p754). Finalmente, el déficit fue compensado con el aumento de la producción en EEUU en casi un millón de barriles al día, Venezuela cuatrocientos mil, Irán doscientos mil e Indonesia. El embargo resultó ser un fracaso y los países árabes tuvieron que aumentar su producción para mantener su participación en el mercado. En definitiva, el temor a la escasez produjo un nuevo excedente.
La crisis de 1973
Después de la derrota de 1967 la causa palestina toma un rumbo propio, perdiendo progresivamente el carácter panarabista que la había caracterizado. En 1968, los movimientos de resistencia palestina reemplazaron a Ahmed Shuqairi en la conducción de la Organización para la Liberación de Palestina. El discurso revolucionario de estos entró en contradicción con los regímenes árabes, agudizando los problemas en la sociedad árabe. Los incidentes guerrilleros con Israel, tanto desde El Líbano como Jordania, generaron los primeros conflictos. En ambos casos intervino para mediar Nasser, que pese a todo mantenía su influencia entre los árabes. En 1969, el gobierno libanés y la OLP establecieron los límites en que los palestinos podían operar desde el sur del Líbano. En 1970, Jordania ataca los campamentos de refugiados palestinos y se enfrenta a los movimientos palestinos en el episodio conocido como "septiembre negro", donde cientos de civiles palestinos perdieron sus vidas, mediando finalmente el presidente egipcio.
La muerte de Nasser después de la crisis en Jordania, supuso para muchos el fin de una era de esperanza para un mundo árabe unido y renovado. Paralelamente, una serie de cambios sobrevinieron en varios países árabes. En Libia, oficiales liderados por el coronel Kadafi derrocaron a la monarquía, en Siria el gobierno fue reemplazado por un grupo de oficiales también del partido Baath, encabezados por Hafez el Assad, en Irak tomó el poder Saddam Hussein.
En Egipto Nasser fue sucedido por Anwar Sadat, quién daría un vuelco a la política exterior egipcia al pedir el retiro de su país de los técnicos y asesores rusos. Su objetivo era poner fin a una serie de guerras con Israel, que no creía que los árabes pudieran ganar, mediante negociaciones directas apadrinadas por EEUU. Con ello, se eliminaría la influencia de la Unión Soviética en la zona y Egipto sería un aliado confiable de Estados Unidos, recibiendo así, su apoyo económico.
En efecto, la crisis de 1973 fue una guerra limitada, sin vencedores ni vencidos, dado que tras la sorpresa del ataque egipcio y sirio y su incontenible avance, Israel, gracias al puente aéreo de suministro norteamericano, logró recuperarse y montar una contraofensiva que a lo menos en el frente sirio hizo retroceder a estos hasta Damasco, pero demostró en el lado árabe una planificación cuidadosa y una seria determinación. Sadat, había logrado conmover a las potencias para una solución negociada. El conflicto concluyó con un alto al fuego impuesto por las superpotencias, motivado principalmente por lo que significó el uso, ésta vez con éxito del arma del petróleo. La situación de los últimos años había creado las condiciones propicias, dado que la demanda de petróleo había crecido significativamente, por el aumento de las necesidades de los países industrializados, frente a los niveles de producción. Los países árabes productores de petróleo decidieron reducir su producción mientras Israel ocupara tierras árabes. Arabia Saudita impuso un embargo total a EEUU y Holanda, este último por ser considerado el país europeo más favorable a Israel y a la vez un centro del mercado libre del crudo.
La maniobra se enmarcó en una planificación estratégica en el marco de la OPEP, para lograr aumentar las ganancias de los países exportadores y fortalecer su posición frente a las compañías. A fines de 1973 la OPEP aumentó los precios en casi un 300%, lo que sacudió principalmente las economías de Europa y Japón. Esto, ha llevado a plantear a algunos la tesis de una intervención o complicidad norteamericana dada la mayor dependencia de estos países del petróleo árabe. El cuantioso aumento de las rentas anuales de los países exportadores entre 1973 y 1978 queda ilustrado en las siguientes cifras:
- Arabia Saudita de 4350 millones de dólares a 36000 millones
- Kuwait “ 1700 “ “ “ a 9200 “
-Irak “ 1800 “ “ “ a 23600 “
-Libia “ 2200 “ “ “ a 8800 “
Desde una perspectiva política, la crisis de 1973 condujo a los acuerdos de Camp David entre Egipto e Israel. Los objetivos de Sadat ya han sido expuestos, pero para el gobierno israelí de la época encabezado por Menahem Beguin estos eran distintos. Alcanzar la paz con Egipto, incluso al precio de retirarse del Sinaí, significaba neutralizar al país más fuerte y con mayor peso específico en el mundo árabe, de manera de “… quedar con las manos libres para el objetivo esencial de su política: implantar a los colonos judíos en los territorios conquistados en la orilla occidental y anexionarlos gradualmente, y poder hacer frente de forma eficaz a cualquier oposición por parte de Siria o la OLP”(Hourani, 1991, p331).
En una mirada global, lo que parecía una mayor independencia política y económica, fue el primer paso hacia una mayor dependencia del Mundo Árabe de Estados Unidos. Las relaciones entre Egipto y Estados Unidos se consolidaron, recibiendo el primero una considerable ayuda económica y militar. El costo para Egipto en el concierto árabe fue su aislamiento y su expulsión formal de la Liga Árabe. Sin embargo, las ventajas del acercamiento a EEUU motivo a que otros Estados, como Jordania, Marruecos, Túnez y sobre todo los países petroleros de la Península Arábiga, siguieran sus pasos en este sentido.
En suma, los resultados de la crisis consistieron en el descenso de la influencia tanto egipcia como siria en la región del Mashriq, el ascenso de la influencia en las relaciones inter-árabes de las llamadas petromonarquías y el predominio norteamericano sin contrapesos en la región. Serán ahora principalmente, Arabia Saudita e Irak, quienes disputarán tener el liderazgo en el Mundo Árabe. En este sentido "El Cairo y Bagdad habían invertido sus papeles, como si dijéramos: en la década de 1950 fue el primero el que pidió insistentemente la no alineación mientras el segundo deseaba seguir las indicaciones de Occidente, usar el poder de los aliados de tierras lejanas para aplastar a sus rivales. Ahora era El Cairo el que deseaba la presencia, el patrocinio y el poder de los aliados distantes"(Ajami, 1983, p 259).
Comentario final
El siglo XX ha mantenido a los árabes en medio de una crisis histórica gigante, golpeados por poderosas fuerzas externas que han hecho que su mundo sea un punto clave y expuesto. Por otra parte, las respuestas y búsquedas ideológicas y políticas por conformar un orden regional estable han sido muchas, pero han fracasado. “ En cualquier otro lugar, las agitaciones de otras sociedades no habrían suscitado tanta inquietud. Occidente se habría acomodado a ellas. Pero, he aquí que el mundo árabe, por un azar geográfico, es un vecino cercano de Europa (es el Próximo Oriente); por un azar geológico, contiene una riqueza estratégica indispensable para la economía occidental; por la historia, ha estado íntimamente ligado al destino de occidente y, por la emigración, forma parte de su horizonte”(Khader, Bichara, 1988, p15).
La caída del muro de Berlín, la constitución de un sistema internacional monopolar, con una superpotencia que tiende a dominarlo y controlarlo todo, un mundo que camina hacia la mundialización y homogenización de las formas de vida y la cultura, constituyen un contexto turbulento, en que cada día resulta más complejo encontrar una vía propia de desarrollo económico, social cultural y político. La actual crisis internacional y la inminente invasión norteamericana a Irak así lo confirman
Bibliografía
1.- Ajami, Fuad : Los árabes en el mundo moderno, FCE, Mexico,1983.
2.- Abdel Malek A., Belal A, Hanafi H. : Renaissance du monde arabe, Duculot Ed.,
Gembloux, Belgica,1972.
3.- Hourani, Albert : Historia de los pueblos árabes, Ariel, Barcelona, 1991.
4.- Hourani, Albert : Historia de los árabes, Ariel, Barcelona, 1992.
5.- Khader, Bichara : El Mundo Árabe ante el 2000, Editorial CantArabia, Madrid, 1988
6.- O’Connor, Harvey : La crisis mundial del petróleo, Ed. Platina, B. Aires, 1963.
7.- Valabrega, Guido : La Revolución árabe, FCE, Mexico, 1982.
8.- Yergin, Daniel : La historia del petróleo, Vergara Ed., B. Aires, 1992.
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