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Cyber Humanitatis Nº 33 (Verano 2005)

 

Presentación del libro Poemas y poetas clásicos ingleses. Geoffret Chaucer a Dylan Thomas. Antología Bilingüe, de Rodolfo Rojo B. Prologo de Federico Shopf.

JOHN DONNE (1572- 1631) y la poesía metafísica

 
 

 

La denominación de “metafísica” se debe al famoso Samuel Johnson (autor del primer gran diccionario de a lengua inglesa en 1753) la voz más resonante y au­torizada del neoclasicismo. Para el Dr. Johnson, “metafí­sico” tenía características negativas, como una moda que no respetaba los preceptos y directivas que debían regir para el arte poético. Su queja era contra lo elaborado y complejo de una poesía en que lo conceptual -el ingenio (wit)- modulaba el poema mediante un abstruso juego de disimilaridades, en que las ideas mas heterogéneas se encuentran unidas en forma “violenta” -comparaciones, ilustraciones y alusiones.

Se debió a otra figura similar a la del Dr. Johnson en el siglo XVIII, el célebre T. S. Etiot -la figura más impor­tante de la poesía y critica del siglo XX, autor de Tierra Baldía, The Waste Land, 1922- la reivindicación y recupe­ración de una poesía que pareciera concordar plenamente con la sensibilidad de nuestra época.

Eliot encuentra en Donne una “unificación de la sensibilidad”, estimable en todo poeta, que lo diferencia del hombre común, para quien sus experiencias son fragmen­tarias caóticas no pareciendo tener relación entre sí. El poeta como Donne, suma lo emocional a lo intelectual, o viceversa. Busca y encuentra relaciones ocultas entre las cosas, para aplicarlas a su experiencia iluminadora.

En otro sentido, Donne es un poeta dramático, es decir, dialéctico, discursivo, agresivo en su uso del idioma, como muchos de sus versos iniciales los demuestran: “¡por Dios, sujeta esa lengua y déjame amar!” (La Canonización) o “Tonto viejo oficioso, Sol desobediente” (El sol, al salir). Sus poemas inician argumentos, hábiles estratagemas de la mente para demostrar un punto -la inconstancia o la renuncia del amante para rendirse al amor o lo contrario, la fidelidad que lo acompaña cuando debe partir, como su hermosa “Canción” o en “La Despedida, prohibiendo el luto”.

Ocasionalmente el argumento se torna complejo o enredado en que se hace difícil descifrar el significado, dando quizás la impresión de insinceridad, un mero juego artificioso hecho para deslumbrar al lector.

Es posible explicar este giro de la poesía inglesa en Donne, como correspondiente a una personalidad dividida que refleja las escisiones características del Renacimiento tardío en que el manierismo cierra ese brillante período de la historia cultural occidental.

Centros de tensión para Donne fueron primero, su relación con la iglesia reformada -la Anglicana- en conflicto con su ancestral fe católica-romana (uno de sus antepasados había sido un mártir de la iglesia, Tomás Moro). Otra fuente de tensión la constituyó su atormentada conciencia de la complejidad de los impulsos vitales, la eternamente irresuelta oposición entre el deseo vital -e1 amor, y el impulso hacia la muerte- la autodestrucción del ser, argumento que desarrolla en sus ensayos en prosa, y que explora en algunos de sus poemas. Las dualidades no encuentran resolución y su religiosidad surge de este conflicto, lo sagrado versus lo erótico.

“Woman’s Constancy”

Now thou hast loved me one whole day,
Tomorrow when thou leav’st, what wilt thou say?
Wilt thou then antedate some new-made vow?
            Or say that now
We are not just those persons which we were?
Or, that oaths made in reverential fear
Of love, and his wrath, any may forswear
Or, as true deaths, true marriages untie,
So lovers’ contracts, images of those,
Bind but till sleep, death’s image, them unloose?
            Or your own end to justify,
For having purposed change, and falsehood, you
Can have no way but falsehood to be true?
Vain lunatic, against these ‘scapes I coud
            Dispute, and conquer, if I would,
            Which I abstain to do,
For by tomorrow, I may think so too.

“Constancia de mujer”

Ya que ahora me has amado todo un día,
mañana, cuando partas, ¿Qué irás a decir?
¿Vas a prefijar nuevas promesas?
            ¿O quizás decir que ahora
ya no somos aquellos que ayer fuimos?
O también que, los juramentos hechos con temor
                                    /reverencial
al Amor y a sus enojos, ¿cualquiera podrá desconocer?
O sino que, tal y como la muerte es fiel, los matrimonios
                                    /fieles se deshacen?
Que así también los contratos del amor, que no son
                                    /sino su imagen
unen sólo hasta que el sueño, imagen de la muerte, los
                                    /destruye?
            O tal vez, para justificar tus propios fines,
por haberte propuesto cambios y mentiras, tú
no hallas fidelidad sino en la falsedad?
Pobre Lunático, en contra de estos argumentos
            Podría discutir y conquistar, si lo quisiera,
            Lo que me abstengo de cumplir
Puesto que quizás mañana pueda yo pensar igual.