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Cyber Humanitatis Nº 22 (otoño 2002)

 

Más allá de la ciudad letrada, escritoras de nuestra América. Edición

Del retorno y sus fantasmas: Tala y la patria de Mistral

Bernardita Llanos
Denison University

 

"We are always strangers to ourselves"
Nietzsche


El exilio es uno de los motivos recurrentes en la vida de Gabriela Mistral como en su obra poética a partir de la publicación de Tala (1938). Ser extranjera, sin los estatutos y normas del país de origen, sirvió para salirse del entrampamiento que Chile y su sociedad representaban.  Residir en el extranjero también significó la posibilidad de imaginar y poetizar el Chile deseado, a partir del sueño y la memoria anexada a lo materno.

Elizabeth Horan describe a Mistral como una escritora de "múltiples incertidumbres" al referirse a su ambiguedad sexual, mestizaje y origen rural. La "anomalía" de Mistral dentro del ambiente de celebridades literarias se manifestaba, no sólo por su género sino por ser autodidacta y no tener el estatus social ni la facilidad literaria de otros poetas (1). La excentricidad de Mistral como mujer soltera e independiente, fue usada por la cultura oficial, particularmente después de su muerte, para reforzar el estereotipo de la femenidad chilena en contraste con Mistral -la maestra virgen. La monumentalización de su figura y la propia complicidad de Mistral en este proceso, puede entenderse como una estrategia de acomodamiento dada su vulnerabilidad social y su estatus de mujer sola en una cultura eminentemente patriarcal y conservadora (2).

En la escritura de Mistral, la pérdida se inscribe como espacio poético a partir del cual la hablante mira el mundo. Progresivamente, ésta se convertirá en elemento constitutivo de la subjetividad femenina de la poética mistraliana. La escenificación de los celos de Desolación (1922), se reemplaza en Tala por la pérdida absoluta  que conlleva la muerte de la madre y su mundo. Aquí la poesía de Mistral se desborda con la incorporación de la otredad de múltiples y extrañas voces que constituyen posibles identidades en el exilio. En Tala aparece entre otras la extranjera, como hablante errante que desde el vacío y el dolor  -por la pérdida de la madre, como extensión semántica de sangre y tierra - vaga como loca extraviada entre paisajes desoladores. En este texto, Mistral poetiza a la sujeto como extraña no sólo frente a los otros sino frente a sí misma.  A la manera de Nietzsche, la sujeto se multiplica  y expande en heterogéneos y extraños registros, a veces son sombras, otras espacios, que van modelando una dinámica excéntrica entre la palabra poética y el mundo.

El núcleo de pertenencia sólo se confirma en lo que Mistral llama "la patria chica," espacio, paisaje y tiempo de la infancia (edad dorada) y la casa (materna). La "patria chica" de Mistral queda inscrita en el repertorio de imágenes del mundo rural, donde como Jaime Concha ha subrayado, el huerto, el olor de las hierbas y los elementos forman parte de las "entidades tutelares" de este "espacio terrestre y frutal", que aparece como el hogar verdadero (3). Esta es la edad dorada, el paraíso que la extranjera ha perdido para siempre y sobre el que vuelve a través de la lengua materna y poética.

El mundo de Mistral se construye tanto por el desplazamiento y la pérdida que éste entraña, como por la libertad que  confiere a la extranjera. Su lírica reitera y reelabora la escenificación del exilio de hablantes emblemáticas,(4) cuya condición pareciera ser deambular sin poder echar raíces en un mundo que no es sólo ajeno, sino hostil e irreal.  La condición de la extranjera como la interpreta Kristeva, implica la lucha con la ansiedad matriarcal y el intenso deseo de fusión donde no hay dos seres sino uno que se consume y aliena.  La incapacidad de superar el período que ha abandonado, convierte a la extranjera en amante melancólica de un espacio que se ha desvanecido. El paraíso perdido es un espejismo de un pasado que nunca se recobrará.  La extranjera es una especie de soñadora que hace el amor con la ausencia.  Es también una virgen a la manera refractaria de las Danaïdes, primeras extranjeras separadas de la polis y condenadas a derramar sangre y agua por su rechazo a la familia patriarcal.(5)

Tala se instala en un horizonte, donde la pérdida aparece como  despojo radical que llevará a la ampliación del paisaje y al descubrimiento de un yo colectivo indoamericano -uno de los temas más estudiado por la crítica. Por otro lado, el texto funda una subjetividad que aparece conformada por distintas imágenes y voces femeninas. Varios críticos han señalado que en este libro estamos ante un universo poético esencialmente femenino, donde incluso Dios se ha femenizado y ha sido substituido por la divinización de la madre. Más aún la audacia de Mistral convierte la  "gloria eterna" en un retorno a la madre y a su habilidad de acunar y proteger (6). Adriana Valdés por su parte, lo ve como un texto de intersecciones de un sujeto esencialmente transculturado que está constituido por identidades tránsfugas y múltiples (7).

La muerte de la madre que inagura Tala se da en estrecha relación con el vagabundaje de distintas hablantes a través de un mundo fantasmagórico. La hablante que se construye a partir de la experiencia del despojo por la pérdida de la madre y, por lo tanto, del origen, es la que habla como huérfana. Tala nos presenta una suerte de "campo de batalla"(8) de estas voces, alejadas de la estética posmodernista y más afín con la vanguardia. Las hablantes recogen un habla híbrida y múltiple,(9) reconvertida en nuevos significados a través de una identidad que se fragmenta y disemina en diversos puntos de fuga.

El lenguaje es intencionalmente popular con un léxico rural femenino como ha subrayado Jaime Concha, que incorpora la voz de generaciones de mujeres rurales, hoy desaparecidas (10). Existe cierta intencionalidad de hacer del habla lenguaje expresivo de una sensibilidad trágica que "tala" los árboles del pasado junto a las cruces que le dieron sentido, como diría Patricio Marchant (11).

Muerte de mi madre inicia Tala e impone un tono solemne y fúnebre desde el comienzo. Según la nota de Mistral al final del texto, la pérdida de la madre significó un viaje terrible entre la tiniebla y el abandono:

Ella se me volvió larga y sombría posada; se me hizo un país en que viví cinco o siete años, país amado a causa de la muerta, odioso a causa de la volteadura de mi alma en una larga crisis religiosa. No son ni buenos ni bellos los llamados "frutos del dolor" y a nadie se los deseo. De regreso a esta vida en la más prieta tiniebla del abandono, vuelvo a decir como al final de Desolación, la alabanza de la alegría. El tremendo viaje acaba en la esperanza de las Locas Letanías y cuenta su remate a quienes se cuidan de mi alma y poco saben de mí desde que vivo errante" (175).

El viaje se plantea como un trayecto descendente hacia el vacío y el abandono, cuyo itinerario es a través de un mundo de tinieblas y oscuridad creado entorno a la ausencia, al hueco que ha dejado la madre. El estado de errancia en que Mistral vive se asocia directamente a la pérdida de la madre y al mundo que con ella compartió. La insatisfacción y alienación del desarraigo, queda en cierta manera desplazada por la creación de una especie de arcadia "matria," que se da a través de la búsqueda de la "Patria de la Madre" que como sostiene Grínor Rojo culmina con la escritura del Poema de Chile (1967).  Sin embargo, ya desde 1906 en un artículo titulado "La Patria" aparece la tríada que persistirá en Mistral y su relación con Chile: Patria (chica), niñez y madre (12).

En "La fuga," primer poema de Tala, la yo habla como hija dirigiéndose a una madre soñada y a la vez deseada que busca el "monte de tu gozo y de mi gozo." El paisaje "cardenoso" que rodea a los montes, realza la atmósfera mortuoria de un encuentro que no se concreta. La hija y la madre se sienten, pero no logran verse, hablarse, ni tocarse: ("O te busco, y no sabes que te busco, / o vas conmigo, y no te veo el rostro:/ o vas en mí por terrible convenio,/ sin responderme con tu cuerpo sordo/ [...]) (115-116) (13).

Ambas están irremediablemente separadas y la huérfana siente esa ausencia en la ambivalencia de la angustia y del deseo: ("Pero a veces no vas al lado mío:/te llevo en mí, en un peso angustioso/ y amoroso  a la vez, ..") y otras como una presencia que se vuelve indistinguible del entorno natural: ("te has disuelto en niebla en las montañas/ te has cedido al paisaje cardenoso/[...]/y tú eres un agua de cien ojos, / y eres un paisaje de mil brazos, [...]) (115). El momento del encuentro entre hija y madre se pospone y el deseo de gozo de la presencia mutua se sustituye por el "tormento de amor" de la hija como acertadamente lo llama Jorge Guzmán. Mientras la hija posee un sólo cuerpo, la madre se expande y diluye a través del paisaje, por serlo todo e incitar un deseo imposible de satisfacer (14). ("porque mi cuerpo es uno, el que me diste,/ nunca más lo que son los amorosos:/ un pecho vivo sobre un pecho vivo, nudo de bronce ablandando en sollozo/)  (115-116).

El sueño aparece como una especie de pesadilla de amor como la ha descrito Guzmán, al referirse a la sucesión de "frustraciones seriadas en que la esperanza engaña cada vez con un ardid distinto y repite una desilusión" de modos diferentes (15). La madre se escapa, se aleja, se disuelve entre la bruma y el orden natural, dejando a la hija extraviada y casi demente "...como cumpliendo un voto o un castigo..." (115). El sueño aquí no es capaz de realizar el deseo de "perfección arcádica"  ya que se ve acechado por la bruma, como elemento astral de ultratumba que sigue a las transeúntes.  La niebla y la bruma serán las que también originen las historias de fantasmas en Mistral, como en el poema "El fantasma" de Tala y la serie de poemas de la sección Saudade (16).

El lenguaje muestra su gran afinidad con la sensibilidad mística, donde el ansia de unión se manifiesta como deseo infinito. Sin embargo, se desvía de esta tradición al plantear encuentros después de la muerte entre "almas en pena" más en relación con el imaginario campesino que la tradición literaria (17). En este poema, aparentemente la madre vuelve a la tierra después de su muerte en calidad de fantasma, invisible incluso para la hija.

Sin este bien, que el sueño de "La fuga" promete pero no brinda, la huérfana queda exiliada de la dicha eterna que representa la fusión con la "otra original" como la designa Eliana Ortega, con quien toda mujer "establece su primera relación amorosa y su primera identidad "(18). Su condena es el exilio y el desarraigo.

En el poema "Lápida Filial" la huérfana rememora el cuerpo materno a través de la enumeración de sus partes, aquéllas que la acariciaron, alimentaron y arrullaron. Se trata de un canto a la vez amoroso y erótico dirigido al cuerpo del que nació: (-Amados pechos que me nutrieron/con leche más que otra viva;/ parados los ojos que miraron/ con tal mirada que me ceñía;/ regazo ancho que calentó con una hornaza que no se enfría;/ mano pequeña que me tocaba con un contacto que me fundía:/) (116). A la muerte, se opone la sensualidad y el calor del cuerpo maternal: sus pechos, ojos, regazo y manos se celebran como instancias de vida que dieron ("formas y sangre y leche mía") a la hablante (116). Martin Taylor ha subrayado que la sangre y la leche representan fluídos vitales en Mistral, y, en este caso, sustento divino que la hija ha recibido de la madre. Sangre y leche se mezclan en el poema como en otros, para "intensificar las propiedades vitalizadoras de ambas,"(19) convirtiéndose en bálsamo para "el alma febril" de la hija. La madre se convierte en fuente vital y simbólica en Mistral. El principio femenino a través de su cuerpo, sangre y leche, dona a la hija el placer de la palabra en un lenguaje de filiación originaria que verbaliza el impulso de unión de esa ligazón con la madre (20).

Podría decirse que la huérfana en su canto construye un discurso donde el yo está referido y afianzado desde la relación con la madre pre-edípica y la primera lengua aprendida de ella (21). Su pérdida radical exacerba el estado de errancia de esa hija que vaga por el mundo sin encontrar el paraíso perdido que sólo la madre evoca.

"Lápida Filial" repite la pérdida de la madre frente a su sepultura, y reitera el desasosiego de la hija por el estado de fusión que ese cuerpo femenino materializaba.  En este poema, se cumple lo que la filósofa italiana Luisa Muraro sostiene sobre la existencia libre de una mujer, quien simbólicamente requiere de la potencia materna tanto como la necesitó materialmente para llegar al mundo, la cual puede tener a través del "pasaje de amor y reconocimiento" que brinda la madre (22). Su abandono, negación o pérdida trae consigo el vaciamiento de la matriz de la vida.

Este vacío, se reelabora al final de la serie de Historias de loca en "El fantasma," donde la hablante retorna a la tierra, despojada de su propio cuerpo. Como sugiere Grínor Rojo, este poema puede leerse como un modelo del proyecto que representa Poema de Chile. En él se unen el ambiente onírico y el regreso fantasmal y esa especie de volver sin volver que se da en los sueños. En "El fantasma" se hace evidente la visión alucinada y "loca" (como la sección Historia de Loca ya enfatiza) de la hablante desarraigada (23).

El retorno evidencia la pérdida rotunda de la identidad y de todos los lazos y bienes pasados. De modo dramático, la hablante se hace consciente de no ser nada para los suyos.  El sentido de extrañeza que recorre este poema, amplía la condición de extranjería de esta hablante refractaria. Los otros, la comunidad, aparecen como enraizados y sordos al conflicto de la hablante, quien vive entre la fuga y el desplazamiento de un mundo que le es familiar y completamente ajeno a la vez. 

La separación de la familia, la lengua y el país propia de todo extranjero, brinda la ausencia de prohibición, donde todo se hace posible (24). Mistral utiliza esta oportunidad a modo compensatorio para recrear un regreso virtual a la patria de sus sueños y su deseo. El retorno se construye bajo un paradigma que privilegia ciertos signos y excluye otros. Es en resumen, una construcción mítica del pasado y de Chile a través del deseo y los recuerdos. Sin embargo, el vacío que establece la muerte y la consciencia de lo que se ha dejado, no logra superarse, de ahí que la hablante regrese como ánima errante o aparición.

En "El fantasma" el cuerpo queda reducido a una sombra fantasmal que ha perdido la vitalidad y el erotismo que otorga la materialidad.  La disociación entre el cuerpo y las pasiones, deja a la extranjera prisionera de la lengua materna, ya que sus constructos verbales se articulan sobre un vacío. La aparición alucinada de un mundo fantasmal, remite al segundo discurso de todo extranjero, el original/materno que vive bajo el adquirido, la segunda lengua (25).  La extranjería en tanto viaje hacia el exilio en "El fantasma" cobra especial significado.  La hablante reconoce haberlo perdido todo y estar en "país que no es mi país,/ en ciudad que ninguno mienta,/junto a casa que no es mi casa, pero siendo mía una puerta,/ detrás de la cual yo puse todo,/ yo dejé todo como ciega,/ sin traer llave que me conozca/ y candado que me obedezca./ (133).  La hablante ha roto con sus orígenes pero no puede dejar de recordar y desear ese mundo.  Vive como la "larva" entre dos riberas, siempre escindida entre el pasado y la imposibilidad de recobrarlo. No está en ningún lugar, ni es de ninguna parte, todo su mundo es una ficción montada sobre lo que fue. Entre todas las pérdidas, la mayor es la de su carne -cuerpo escindido del alma como indica el  haberlo perdido de noche y llegar como fantasma a la propia puerta sin ser vista ni reconocida (132-133). Extrañeza, confusión y agitación son algunas de las emociones que recorren este momento del retorno, donde la hablante "ciega" y "dormida" se ha convertido en una aparecida. Este ser nonada se vincula a la extranjería de Mistral que se prolongará hasta su muerte y será sólo interrumpida por breves visitas a Chile  (26).

La sección Saudade  de Tala reitera el vagabundaje por el mundo y la nostalgia de Chile. El poema "País de la ausencia" podría leerse como parte del trayecto que Muerte de mi madre inicia. La hablante se desplaza por lo que llama un país extraño, que, sin embargo, es el suyo, donde la ausencia y la pérdida han destruido todo signo de vida. En este mundo, la antigua fertilidad de la naturaleza ha sido reemplazada por la esterilidad de la tierra.  No hay frutas (granadas), ni flores (jazmines), ni lo que el poema designa como edad feliz, época de la abundancia y plenitud de la infancia. La muerte ha triunfado sobre la vida  y sus ciclos naturales y se representa como la Contra-Madre del mundo, la madre de la angustia (27). El cataclismo y la ruina casi ecológica que el poema pone de manifiesto, se refleja en la desaparición del cielo y del color del mar que ha sido sustituido para "siempre" con ("el color de alga muerta/ color de neblí") (151) (28). El mundo arcádico  y mítico ha sido destruido por la muerte, el desarraigo y el exilio.

Este sentido de despojamiento de la hablante se amplifica y exterioriza, abarcando el orden natural que la cobijó y nutrió en el pasado ("Perdí cordilleras/ en donde dormí;/ perdí huertos de oro/ dulces de vivir,/ perdí yo las islas/ de caña y añil,/ y las sombras de ellos/ me las vi ceñir/ y juntas y amantes/ hacerse país") (151). El huerto  como morada verdadera ha sido substituido por las sombras que constituyen un espacio fantasmal (país de las ausencias aquí, "el país de hombres" en el poema "El fantasma"). La hablante deambula como alucinada por este "extraño país" que nació de lo que llama sus "patrias," para referirse a lo que le pertenecía y que perdió (siempre vinculado al lugar y tiempo de la madre). Dentro de las patrias perdidas aparece el paisaje: las cordilleras, los huertos, las islas, la caña y el añil.  El espacio que recorre, afectado por el tiempo y el olvido, está habitado por sombras, fragmentos de memoria, irremediablemente erosionados por el tiempo. La hablante regresa a este "país de la ausencia" como ánima perdida entre las ruinas del mundo que dejó. Es una especie de descenso a la patria materna(29) que evoca y confirma la pérdida irrevocable de todo lo amado.

Las nieblas y sombras anónimas desperfilan lo real y la identidad de la hablante, quien queda aparentemente condenada a errar sin espacio ni tiempo por la oscuridad ("Guedejas de nieblas/ sin dorso y cerviz,/ alientos dormidos/ me los vi seguir,/ y en años errantes/volverse país,/ y en país sin nombre/me voy a morir"). (151).  Estos últimos versos culminan con la ligazón entre exilio y pérdida de vínculos y pertenencia. El estar en "país sin nombre" de la extranjera, verifica su agónica batalla entre lo que ya no es y lo que nunca será. La falta de pertenencia y afectividad se vive como vacío de significación (30). La utopía del huerto y su fecundidad queda trastocada por la muerte que el exilio y el olvido implican.

El habitar este espacio fantasmagórico como país, conlleva la propia transformación en sobreviviente extraña y desconocida que el poema "La extranjera" elabora a través del desdoblamiento de la voz poética. Una voz en tercera persona, habla de una extranjera, marcada por su habla diferenciada de "mares bárbaros," algas y arenas lejanas. Su destino es la soledad y la "muerte callada y extranjera" por su diferencia cultural y genérica ("Vivirá entre nosotros ochenta años,/ pero siempre será como si llega,/hablando lengua que jadea y gime/ y que le entienden sólo las bestezuelas) (152). Precisamente, en la movilidad y fugacidad del habla es donde la extranjera actualiza su diferencia. La imposibilidad de expresar su experiencia de alienación y falta, es evidente en la forma en que su lenguaje se escucha. Su otredad es sólo voz y sonido lastimero para la mayoría. Su verdadero lazo es con la naturaleza, y no con la cultura de la comunidad. Por eso, la entiende la fauna silvestre, evocada aquí en las bestezuelas.

La extranjera se define por quedar fuera del pacto social y su historia ha sido convertida en rumores extraños y bárbaros o en "mapas de otra estrella." Los atributos de la potencia y obra materna como diría Muraro, se reducen aquí al despojo de su naturaleza haciéndola informe y opaca (31).  Así, la extranjera, la mujer que ( "ha amado con pasión") queda separada del orden social que le quita y borra las cualidades de la madre, del amor. Su deseo, afirma la pasión como conexión entre fuerzas y territorios de forma afirmativa, productiva y transformadora. Sin embargo, la extranjería en tanto estado que supone la ausencia de filiación comunitaria, se expresa en este poema como falta de afectos sociales en el sentido de Deleuze y Guattari y carencia de lazos en el presente (32). La extranjera que ha conocido la pasión, lo ha hecho como transgresión de los valores y significaciones dominantes del campo social. Su extranjería cobra doble significado al considerarse que no sólo remite a su falta de pertenencia comunitaria, sino que además corresponde a una forma de resistencia a todo orden social y sus diversas formas de identidad (nacional, de género, clase y raza).

En el trayecto que delinean los poemas, el desplazamiento y el desarraigo trae consigo distintas imágenes, que fluyen y chocan en el viaje del exilio, iniciado por la hablante huérfana, quien se convierte en una especie de "fundadora errante."(33) Su mundo existe a partir de la palabra poética y su anexión a la oralidad -lenguaje ligado a la madre y al imaginario campesino. De ahí la idea de la "palabra-madre" en Mistral como la llama Eliana Ortega,(34) al constituir un orden donde la subjetividad se establece a través de campos de significación ligados a lo materno y su fuerza vital, única patria que Mistral, a través de sus distintas voces, pareciera reconocer. El sentido político y militar de este término dentro de la historia chilena, queda afuera del universo poético mistraliano. No se trata de la patria del orden y ley del padre, sino de una alternativa poética que hace del lazo con el amor materno y el paisaje un mito al cual regresar a través de la lejanía y el desarraigo de vivir fuera.

Estos poemas iluminan la estrecha filiación que para Mistral existió entre Chile y su niñez. La imposibilidad de retornar a vivir en el Chile real, se supera mediante este viaje de regreso al mundo que se ha dejado en la memoria. El mundo materno, del paraíso rural y de la huerta, aparece reelaborado en Tala como retorno fantasmal a los huecos y grietas que quedan entre el sueño, el deseo y la memoria de la extranjera.


Obras citadas

Concha, Jaime. Gabriela Mistral. Madrid: Edic. Júcar, 1987.

Fiol-Matta, Licia. "The Schoolteacher of America: Gender, Sexuality and Nation in Gabriela Mistral." En Entiendes. Queer Readings. Hispanic Writing. Eds. Emilie Bergmann y Paul Julian Smith. Durham: Duke University Press, 1995. 201-229.

Goodchild, Philip. Deleuze and Guattari. An Introduction to the Politics of Desire. London: Sage, 1992.

Horan, Elizabeth. "Gabriela Mistral: Language is the only Homeland." En A Dream of Light and Shadow. Portraits of Latin American Women Writers. Albuquerque: University of New Mexico, 1995. 119-142.

Guzmán, Jorge. Diferencias latinoamericanas (Mistral, Carpentier, García Márquez, Puig). Santiago: Universidad de Chile, 1985.7-77.

Kristeva, Julia. Strangers to Ourselves. New York: Columbia University Press, 1991.
Marchant, Patricio. Sobre árboles y madres. Santiago: Sociedad Editora Lead, 1984.

Mistral, Gabriela. Gabriela Mistral. Desolación.Ternura.Tala. Lagar. México: Editorial Porrúa, 1986.

Molloy, Sylvia. "Gabriela Mistral (Lucila Godoy Alcayaga)." En Women's Writing in Latin America. An Anthology. Eds. Sara Castro-Klaren, Sylvia Molloy y Beatriz Sarlo. Boulder: Westview Press, 1991. 27-29.

Muraro, Luisa. El orden simbólico de la madre. Trad. Beatriz Altertini. España: Horas y Horas, 1994.

Ortega, Eliana. "Amada Amante. Discurso femenil de Gabriela Mistral." En Una palabra cómplice. Encuentro con Gabriela Mistral. Ed. Regina Rodríguez. Santiago: ISIS Internacional, Casa de la Mujer, La Morada, 1989. 41-45.

_____. " Otras palabras aprender no quiso. La diferencia mistraliana." En Lo que se hereda no se hurta. Ensayos de crítica feminista. Santiago: Cuarto Propio, 1996. 45-54.

Pratt, Mary Lousie. " Women, Literature, and National Brotherhood." En Women, Culture and Politics in Latin America. Ed. Emilie Bergmann et.al. Berkeley: University of California Press, 1990. 48-73.

Rojas, Gonzalo. "Recado errante." En Gabriela Mistral. Humberto Díaz Casanueva, et.al. Veracruz: Universidad Veracruzana, 1980. 149.

Rojo, Grínor. Dirán que está en la gloria. (Mistral). México: Fondo de Cultura Económica, 1997.

Taylor, Martin. Sensibilidad religiosa de Gabriela Mistral. Trad. Pilar García Noreña. Madrid: Gredos, 1975.

Valdés, Adriana. "Identidades Tránsfugas. Lectura de Tala." En Una palabra cómplice. Encuentro con Gabriela Mistral. Ed. Regina Rodríguez. Santiago: ISIS Internacional, Casa de la Mujer, La Morada, 1989. 75-85. 


____________
 
Notas

 1

Elizabeth Horan, "Gabriela Mistral: Language is the only Homeland," in A Dream of Light and Shadow.Portraits of Latin American Women Writers (Albuquerque: University of New Mexico, 1995): 120 y 123.

2 

Ibid. Ver también el artículo de Licia Fiol-Matta, The Schoolteacher of America: Gender, Sexuality, and Nation in Gabriela Mistral," en Entiendes . Queer Readings. Hispanic Writing, eds. Emilie Bergmann y Paul Julian Smith (Durham: Duke University Press, 1995): 203-229.

3  Jaime Concha, Gabriela Mistral (Madrid: Edic. Júcar, 1987): 38-40.
4      

Sylvia Molloy, "Gabriela Mistral (Lucila Godoy Alcayaga)," Women Writing in Latin America. An Anthology , eds., Sara Castro-Klaren, Sylvia Molloy y Beatriz Sarlo (Boulder: Westview Press, 1991) 129.

5 Julia Kristeva, Stranger to Ourselves (New York: Columbia University Press, 1991): 9-10, 46.
6

Jorge Guzmán, Diferencias latinoamericanas (Mistral, Carpentier, García Márquez, Puig) (Santiago: Universidad de Chile, 1985): 52.

7 

Adriana Valdés, "Identidades tránsfugas," Una palabra cómplice. Encuentro con Gabriela Mistral, ed. Regina Rodríguez (Santiago: Isis Internacional, Casa de la Mujer, La Morada, 1989): 76-78.

8     Ibid, 75.
9 

Eliana Ortega, "Otras palabras aprender no quiso. La diferencia mistraliana," Lo que se hereda no se hurta Ensayos de crítica literaria feminista (Santiago: Cuarto Propio, 1996): 52-53.

10

Jaime Concha, Gabriela Mistral (Madrid: Ediciones Jucar, 1987) 100-101.

11 

Patricio Marchant, Sobre árboles y madres (Santiago: Sociedad Editora Lead, 1984).

12

Grínor Rojo, Dirán que está en la Gloria...(Mistral) (México: Fondo de Cultura Económica, 1997): 325. Esta noción de matria como territorio de la madre, "lugar donde nacimos y crecimos," está presente también en el libro de Jorge Guzmán ya citado. Ver la sección titulada Madre, en especial el análisis de la pág. 56.

13

Todos los poemas citados provienen de Gabriela Mistral. Desolación, Ternura, Tala, Lagar (México: Editorial Porrúa, S. A., 1986).

14

Jorge Guzmán, 53.

15  Ibid
16    Ver Grínor Rojo, 323. Analiza particularmente secciones del Poema de Chile y menciona algunos poemas de Lagar II y de Tala p. 316
17 Ibid, 321. 
18 

Eliana Ortega, "Amada Amante. Discurso femenil de Gabriela Mistral," Una palabra cómplice, 44.

19

Martin Taylor, La sensibilidad religiosa de Gabriela Mistral, Pilar García Noreña, trad. (Madrid: Editorial Gredos, 1975) 232-233.

20 Eliana Ortega, "Otras palabras aprender no quiso. La diferencia mistraliana," 44.
21  Ibid, 45.
22  

Luisa Muraro, El orden simbólico de la madre, Beatriz Albertini, trad. (España: Horas y Horas, 1994) 9.

23  Grínor Rojo, 316-318.
24  Julia Kristeva, Strangers to Ourselves, 30.
25     Ibid, 32.
26 Grínor Rojo, 317.
27    Jaime Concha, Gabriela Mistral , 41.
28

El análisis de Mary Louise Mary Louise Pratt sobre uno de los rasgos más sorprendentes de Poema de Chile coindice como mi interpretación sobre la importancia del paisaje y la ecología en Mistral. En el caso de Poema de Chile la tradición heroica y la historia de triunfos militares no aparece. El amor al país se expresa  como un vínculo apasionado con la ecología y la geografía, donde América representa un paraíso. Ver "Women, Literature, and National Brotherhood," Women, Culture and Politics in Latin American, ed. Emilie Bergmann et. al (Berkeley: Unviersity of California Press, 1990): 66.

29 Grínor Rojo, 325.
30   Julia Kristeva, Strangers to Ourselves, 10.
31 Ibid, 10-11.
32 

Goodchild, Philip. Deleuze and Guattari. An Introduction to the Politics of Desire (London: Sage, 1992): 33.

33

Gonzalo Rojas "Recado errante," Gabriela Mistral,  Humberto Díaz Casanueva, et.al. (Veracruz: Universidad Veracruzana, 1980):153.

34

Eliana Ortega, "Otras palabras aprender no quiso," en Lo que se hereda no se hurta. Ensayos de crítica feminista (Santiago: Cuarto Propio, 1996): 51.